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| Ica, Puquio, Abancay, Cuzco, Ollantaytambo, Juliaca |
| Camino a Puquio |
Paisaje entre Nasca y Puquio
| Paisaje cordillerano |
| San Juan de Lucanas |
Al día siguiente salgo de Puquio, con buena energía y la mejor disposición. Mi destino: Abancay. Pronto sigue el ascenso y rápidamente me encuentro en un gélido páramo, que me obliga a cambiarme lo guantes. Las vistas son hermosas. La carretera pasa en medio de muchas lagunas, que no me animo a fotografiar porque el frío es insoportable. En algún momento, tras doblar en una curva, veo volar bastante bajo un cóndor que pasa justo sobre mi. Me detengo para intentar fotografiarlo, pero es imposible. Sería el único que viera en este viaje. Luego viene un descenso vertiginoso a un cañón, en donde el paisaje vuelve a ofrecer un lindo espectáculo. De nuevo viene el ascenso. Abancay, está cada vez mas cerca. Llego, y todo parece ser un caos. Empiezo a cruzar la ciudad por la misma vía por la que entré, mirando a lado y lado, un sitio dónde quedarme. Se hacía tarde y empezaba a salir de la ciudad. Amancay Disco, es el nombre del sitio que encuentro, que además de ser un hospedaje, parece ser una discoteca, que por lo menos ese día estaría vacía, porque es 31 de diciembre y todo mundo querría estar en familia. Yo también, pero igual no me voy a hacer drama con el tema. Salgo a un pequeño restaurante, en donde pido un lomo saltado, plato típico de Perú. Regreso al hotel y compro un litro de cerveza "Cusqueña", y me la tomo solo, mientras escucho a lo lejos el ruido de la pirotecnia y la algarabía de la gente.
| A lo lejos Puquio, mientas la sombra se estira. |
Paisaje de páramo en la ruta a Abancay |
| Lindo paisaje, antes de llegara Cusco |
Al día siguiente, primero de enero de 2016, mientras muchos sufren la resaca, yo despierto con la emoción de saber que estoy cerca de llegar a Machu picchu, uno de los objetivos gordos de este viaje. Tensiono la cadena de la moto, por primera vez desde que salí, y me dispongo a seguir viaje. Había visto un video de un viajero colombiano, en donde decía que las entradas a Machu picchu había que comprarlas en Cusco. Mi intención era llegar directamente a Ollantaytambo, pero preferí no correr riesgos y seguir hasta la ciudad histórica. Los paisajes siguen siendo espectaculares. Si no supiera que estoy en Perú, pensaría que recorro alguna campiña europea. En una transición entre páramo y tierra fértil, empiezan a aparecer áreas cultivadas, pequeñas casas y fincas delimitadas por cercas de piedra. Llego a Cusco y pregunto por el lugar donde venden las entradas a Machu picchu. Es primero de enero, obviamente todo está cerrado. Pero hay un aviso que informa que al día siguiente estarán atendiendo desde las siete de la mañana. Busco un hotel por el sector del Óvalo, a las afueras del casco histórico de la ciudad y me dispongo a recorrer la plaza de armas y los diferentes sitios y edificaciones antiguas cargadas de historia. Al otro día me levanto temprano, para ir a comprar la entrada a Machu picchu y Oh! sorpresa cuando me encuentro una fila que casi llegaba a la otra esquina. No queda mas remedio que pararme allí a esperar. Sin embargo la fila avanza rápido y puedo comprar mi entrada. Me dirijo al hotel, después de comprar algunos enlatados y agua en botella, para organizar el equipaje y dirigirme hasta Ollantaytambo, pueblo en donde tomaría la decisión de irme en tren, o irme por carretera hasta un sector llamado "La Hidroeléctrica", para luego caminar hasta Aguas Calientes, pueblo que queda en la base de Machu picchu.
| Panorámica de centro histórico de Cusco |
| "Qosqo a sus fundadores" |
Llego a Ollantaytambo, son aproximadamente las cinco de la tarde y empieza a llover fuertemente. "Si encuentro a alguien en moto, que esté dispuesto a dar la vuelta por La Hidroeléctrica, me voy por ese lado", decía para mis adentros. Sin embargo, no veo a ningún motoviajero por esos lados. Empezaba a hacerse tarde, busque un hostal y averigüé por el costo del tren. Es costoso, pero yo nunca había montado en tren, así que decidí darme ese lujo. Me lo merecía.
| Acueducto en Ollantaytambo |
El tiquete dice que el tren sale a las 5:20 am y regresa a las 9:20 pm. Ya en el tren, me toca viajar frente a dos estadounidenses, con quienes chapoteo algo de mi precario inglés. Es la primera vez que me encuentro en a una situación real, en donde tengo que comunicarme en otro idioma. Resulta un poco extraño, pero entiendo y me hago entender, y ya de entrada eso me deja satisfecho, pero me hace reflexionar sobre la importancia de mejorar mis conocimientos en ese idioma.
Parte de lo que se ve desde el tren
Llego a Aguas Calientes, un poco desubicado, sin saber hacia dónde dirigirme. Solo voy siguiendo la dirección que la multitud va tomando. A la distancia alcanzo a observar tres personas vestidas con las camisetas de la selección Colombia. No pude equivocarme al pensar que son compatriotas. Los abordo y converso con ellos. Liliana y Eduardo son novios, ella es psicóloga y él abogado, vienen desde Bogotá, viajando en bus. En Quito, se sumó al viaje Magaly, contadora pública y administradora de empresas. Nació en el Huila, pero lleva varios años viviendo en Ecuador. Comparto con ellos el ascenso a Machu picchu, en donde Magaly nos da sopa y seco, porque tiene muy buen estado físico. Luego, el recorrido por los vestigios de lo que era la gran metrópoli Inca. Resulta reconfortante, encontrar compañía después de tantos días y volver a escuchar un acento familiar. Después del recorrido, sellar el pasaporte como visitante, y las fotos de rigor, empezamos el descenso. Llegamos nuevamente a Aguas Calientes a eso de las 4:30 pm, almorzamos y descansamos un poco de la jornada. Saliendo del restaurante nos encontramos con un par de colombianos, con quienes charlamos un rato. Están viajando en una van desde Medellín. Magaly y Liliana están muy cansadas, no solo por la jornada de ascenso, recorrido y descenso de Machu picchu, sino porque tienen acumulado el cansancio del día anterior, por la caminada desde "La Hidroelectríca", así que se van a descansar. Mi tren sale a las 9:20 y apenas hasta ahora empieza a anochecer. Eduardo decide acompañarme.
| ¡Coronamos!, estamos en Machu picchu |
| Magaly, Liliana y Eduardo. Amigos en Machu picchu |
Nos tomamos una cerveza y charlamos, mientras hacemos tiempo. Estamos sentados sobre un muro, en la calle, cuando pasa una pareja de colombianos, con la pinta que caracteriza a los viajeros en moto. Al ver a Eduardo con la camiseta de la selección, nos aborda y nos pregunta sobre algún hospedaje. Como sólo estábamos matando tiempo, decidimos acompañarlos a buscar algún sitio, mientras llamaban por teléfono a otros viajeros que venían con ellos, con los que dieron la vuelta por "La Hidroeléctrica" para que compraran las entradas (ahí, me di cuenta que no era necesario ir hasta Cusco, en fin). Ya se acercaba la hora de mi tren. Me despido de Eduardo, agradeciéndole por la compañía y de Andrés Ossa y su novia, con la ilusión de que, algún día, la ruta nos vuelva a cruzar.
| Llamas pastan entre las ruinas |
Tomo el tren y rápidamente el sueño me vence. Duermo plácidamente al vaivén del vagón, como cuando una madre mece la cuna de su hijo recién nacido. Arribo nuevamente a Ollantaytambo a eso de las 11:00 pm. Solo queda descansar, porque al día siguiente, el viaje continúa.
Mi siguiente objetivo, es Juliaca, ya muy cerca del Lago Titicaca. El día es hermoso, el clima es mas que benévolo y el paisaje, inmejorable. Tomo una ruta alterna, para evitar pasar nuevamente por Cusco, pero allí casi termina no solo este viaje, sino mi vida. Estuve, por primera vez, en grave riesgo, después de que un bus grande luego de salir de una curva, hacia una semi-recta, decide adelantar a un vehículo pequeño invadiendo mi carril, sin importarle lo que me pudiera pasar, mas aún cuando no había berma, solo un guardarrail, esas barandas metálicas que instalan al costado de las carretas, que sirven para evitar que los autos caigan al abismo y para decapitar motociclistas.
| Increíble arquitectura |
- !Hijueputa!...casi te me tirás el paseo. ¡Hijueputa!
Repetía con furia dentro de mi casco, después de, no sé cómo, no colisionar, ni irme por el despeñadero. Mis manos quedaron temblando, mi garganta lastimada y mis ojos inyectados de ira. Fue tanta la rabia, que después de unos instantes decidí devolverme, intentando alcanzar a ese asesino en potencia, atravesarle la moto y agarrarlo a piñazos. Me devolví quizás un par de kilómetros, pero luego me dí cuenta que no valía la pena.
| Increíble lugar |
Ya sabía que en Perú hay que extremar los cuidados, no solo en las ciudades sino también en las carreteras. Una persona en moto, no significa nada para quien se moviliza en un carro, en un bus o en un camión. Es la ley de la selva. ¿Quien tiene la vía?, pues el que logre atravesar el carro primero, así de sencillo. Láminas abolladas por doquier, es el común denominador.
A pesar de este feo acontecimiento, la ruta sigue ofreciendo bellos paisajes. Sin darme cuenta he ascendido sobre los 4.300 metros de altitud, y los picos nevados empiezan a aparecer. Me llama la atención la cantidad de perros que hay a la orilla de la carretera. Parecen ser salvajes, porque no hay casas durante muchos kilómetros, en donde uno diga, que vivan sus dueños. Así mismo, son muchos los cadáveres de estos animales atropellados sobre la ruta. El paisaje es similar al del páramo y se ve pastar ganado Pardo Suizo sobre geométricas figuras rectangulares, sembradas al parecer, de alfalfa.
Llego a Juliaca, una ciudad fea, por un sector con calles sin pavimentar, y gente, al parecer, de no muy buenas pulgas. Estoy un poco perdido, abordo a quien parece ser un pastor de alguna iglesia evangélica y le pregunto por algún hotel. Me da algunas indicaciones confusas, sin embargo me presagia un buen viaje. Se lo agradezco. Luego abordo a un policía de tránsito (esa puede que no sea muy buena idea), sin embargo al preguntarle por un hotel, se ofrece a guiarme hasta uno que él conoce y por lo menos tiene el detalle de esperar hasta asegurarse de que he conseguido lugar.
| Picos nevados sobre la vía a Puno |
En el hotel, la atención es muy regular, como ya ha sucedido en otros tantos en Perú. Pareciera que están haciendo un favor de mala gana. Como si no estuviera pagando. Eso a veces me pone un poco mal, pero intento entender que debe ser algo cultural. En Colombia, acostumbramos a decir: por favor, gracias, con mucho gusto, a la orden. Pero en muchos sitios de Perú, cuando das las gracias, la respuesta es un despectivo: "Ya".
| Picos nevados sobre la vía a Puno |
Cerca de Juliaca, queda Puno, ya a orillas de Lago Titicaca. Allí desayuno y aprovecho para comprar y cambiar el aceite de la moto. Antes, en una estación de servicio, paro a tanquear. Me atiende una señora, quizás de unos cincuenta años que me saluda con una gran sonrisa. Debo confesar que me hacía falta un poco de amabilidad y por eso, resalto este detalle.
Es sabido para los viajeros en moto, que el tema del combustible en Bolivia es complicado. A veces no te venden y cuando lo hacen, te aplican una tarifa diferenciada. Los extranjeros, pagan casi nueve bolivianos, mientras que los locales, sólo pagan tres. Sin embargo, antes de llegar a la frontera no encuentro un sitio para cargar gasolina, así que tendré que entrar a Bolivia con el tanque por la mitad. Ya veremos que pasa.
Varias personas, me habían recomendado entrar a Bolivia por Copacabana, atravesando mas adelante en Lago Titicaca y no por Desaguadero, frontera que según dicen, es mucho mas corrupta. Decido hacer caso a las recomendaciones, pero primero debo hacer los trámites de salida de Perú. En migración no hay problema. Casi no hay nadie y me sellan el pasaporte de inmediato. Luego debo pasar a la oficina del frente, donde queda la aduana, para registrar la salida de la moto. Allí, el funcionario lo primero que me dice es que no hay sistema. Mi reacción es como de desconsuelo. Me pregunta por cuál frontera ingresé a Perú. Le respondo que por Tumbes.
- ¡Nooo!, hemos tenido muchos problemas con esa frontera, porque no registran bien los ingresos. Dice el tipo.
Y yo, ya estaba pensando en quedarme ahí, quien sabe hasta qué hora. Pero el funcionario, encontró una solución muy práctica. Sin el menor atisbo de sangre en la cara que le hiciera sonrojar, me dice mientras apoya con fuerza un papel sobre el escritorio:
- ¡Nooo!, hemos tenido muchos problemas con esa frontera, porque no registran bien los ingresos. Dice el tipo.
Y yo, ya estaba pensando en quedarme ahí, quien sabe hasta qué hora. Pero el funcionario, encontró una solución muy práctica. Sin el menor atisbo de sangre en la cara que le hiciera sonrojar, me dice mientras apoya con fuerza un papel sobre el escritorio:
- Dame un cariñito ahí.
-"¡¿Este hijueputa quiere que lo invite a salir o qué?!", bromeaba para mí mismo.
Era obvio que me estaba sobornando. Saqué diez soles (unos 3 dólares) y unas monedas.
-Tengo diez soles, le dije.
No hizo muy buena cara, le pareció poco.
-Es que estoy contando monedas, no tengo más, le respondí.
Me recibió los diez soles y a regañadientes, sacó un sello del escritorio, solucionando así, el problema con el "sistema".
Si esto es saliendo de Perú, no me quiero imaginar como será entrando a Bolivia.
Resumen Perú

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