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| Arica, Punta de Bombón-Chala-Ica-Lurín-Lima-Nuevo Chimbote-Reque Macará |
| De nuevo en Perú |
Al llegar a la frontera con Perú, un chileno que también está haciendo los trámites para pasar, amablemente me colabora con la información que necesito, guardándome un lugar en la fila, mientras diligencio los formularios. Ya estando oficialmente en Perú, unos dos kilómetros mas adelante en unas oficinas, compro el Seguro Obligatorio que necesito para circular por el país. Me dan la opción de comprarlo por una semana. Acepto, considerando que no estaré mucho tiempo de nuevo en Perú.
Un Poco mas adelante está Tacna, la ciudad mas grande del sur de Perú. Entro solo para cambiar algunos pesos chilenos por soles. Luego continúo sin tener muy claro hacia dónde. Una opción es Moquegua, pero tendría que desviarme mucho de mi ruta hacia el norte. Así que decido pasar por Ilo para llegar a un pueblo costero llamado "Punta de Bombón". El recorrido se hace lento, porque aunque pasa por la costa, allí el continente termina en abruptos peñascos contra el Océano Pacífico, por lo que la carretera está llena cornisas y de curvas reviradas. Además el tráfico pesado que circula por aquí, hace aún mas lento el viaje.
En un principio mi objetivo era llegar a Mollendo, pero cuando llego a Punta de Bombón, tomo un desvío equivocado y termino ascendiendo por una carretera polvorienta que zigzaguea, hasta terminar en la puerta de un cementerio. Fue una escena tétrica. Espero que esto no sea una señal de nada. Ya empieza a hacerse tarde y decido quedarme en el pueblo, descartando llegar hasta Mollendo.
Punta de Bombón, es un pueblo pequeño en la costa sur de Perú. Tiene una bonita plaza y personas amables. Consigo un hotel económico, cómodo y con garaje para la moto. Salgo a buscar un sitio para comer. Encuentro un asadero, en donde pido un cuarto de pollo con coca cola. En mi cotidianidad, no acostumbro consumir bebidas gaseosas, pero durante este viaje creo que he tomado mas coca colas de las que he podido tomar el resto de mi vida. Y es que cuando estás en medio del desierto, bajo un calor sofocante, el primer trago de ese veneno, sabe delicioso.
Al día siguiente recorro 376 kilómetros hasta otro pueblo costero llamado Chala. En este intermedio paso por varios pueblos que coinciden con desembocaduras de ríos en el Océano Pacífico, y desde donde se irrigan cultivos de arroz en los valles. Es un espectáculo maravilloso ver cómo el desierto reverdece cada tantos kilómetros, como en Ocoña, desde donde se logra una muy buena vista. En otro momento, en un sector conocido como Paya de los Troncos, ya rodando por terreno plano, el viento que viene del mar, empuja la arena del desierto sobre la carretera. Es una experiencia sobrecogedora.
Viento y arena en la costa peruana
Llego a Chala y me instalo en un hotel sobre la panamericana con vista al mar. Soy privilegiado de presenciar un bonito atardecer. Estando allí hago contacto con Julián Pineda, amigo de mi ciudad y sobrino de Gilberto Bedoya, mi primer jefe y fiel seguidor de este blog. Él vive en Nuevo Chimbote, en casa de su amigo Franz, quien vive en Ica, relativamente cerca de donde me encuentro. A través de Julián me contacto con Franz y quedo de ir a su casa al día siguiente por la tarde.
Son aproximadamente las 5:00 am, cuando siento una fuerte sacudida. Era un temblor. Me preocupo porque toda esa zona tiene riesgo de tsunami. Me asomo por la ventana para verificar que el mar siguiera en su sitio, o de lo contrario, emprender la huida hacia alguna zona alta. Busco en internet información sobre el sismo. Efectivamente, fue en el mar a unos treinta kilómetros de la costa y a unos cuarenta kilómetros de profundidad, con una intensidad de 5 en la escala de Richter. También leo que el riesgo de tsunami ocurre en sismos por encima de 7. Así las cosas, me tranquilizo un poco. Sin embargo, sigo mirando hacia el mar. No quiero confiarme.
Preparo la moto y salgo con rumbo a Ica. En este día pasaría un evento especial para mi. Después de mas de 13 mil kilómetros, estaría cerrando en Nasca, el circuito mas grande que jamás haya hecho en moto. Hacía varias semanas había dejado a Nasca, desviándome al oriente, para subir a Machu Picchu, ahora regreso al mismo sitio pero desde el sur. Me emociono cuando empiezo reconocer los paisajes que ya conocía. Ahora empiezo a desandar mis pasos.
Hay un retén de la policía. Voy con todos mis documentos en regla, así que no tengo de qué preocuparme. Uno de los agentes se acerca y me pregunta de dónde vengo y para dónde voy. Se interesa por el viaje y terminamos conversado varios minutos. Este policía es amante de las motos y de los viajes. Al final, no me pide ningún documento y se despide con un apretón de mano y un afectuoso golpe en el hombro diciendo:
- Que tengas buen viaje. Que Dios te bendiga.
Todo me esperaba de la policía en Perú, menos este gesto. Debo confesar que dejó alegró el día.
Llego a Ica a eso de las cinco de la tarde y me contacto con Fraz, quien no tarda en llegar para guiarme hasta su casa desde un motocarro o tuc tuc de servicio público. Franz estudia odontología, y vive con Vanessa, su novia, quien es médico. Es amante de la música. Toca guitarra y mientras conversamos nos damos cuenta que tenemos bastantes coincidencias en los gustos musicales. La charla se extiende cuando llega un familiar de Vanessa con quien conversamos largo rato sobre música y me dan a probar crema de pisco. Finalmente termino quedándome dos días en casa de Franz y Vanessa, intentando además ubicar infructuosamente un taller para revisar la moto, que a pesar de venir andando bien, quiero cerciorarme de que esté a punto para lo que resta del viaje.
Franz demostrando su talento con la guitarra
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| Con Orlando. Amigo en Lima |
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| Paul, después de revisar la moto |
Orlando me pide que pase por su casa a las seis de la mañana, a dos calles del hotel, para invitarme a desayunar y para guiarme hasta la panamericana, que me sacaría de Lima por el norte. Agradezco la ayuda de Orlando. Sin él, cruzar Lima hubiese sido muy complicado.Conté cuarenta kilómetros desde el centro hasta la salida. Lima es enorme.
Un poco mas adelante, me percato de que el odómetro marca 136.023 kilómetros, es decir, 20 mil kilómetros de este viaje, teniendo en cuenta que cuando salí, marcaba 116.023.
Al pasar por Barranca, paro a almorzar en el mismo restaurante en donde almorcé con Danilo, en el tramo de bajada. Es ocho de marzo, día de la mujer. Aprovecho para enviar un mensaje a mi esposa, a mi madre, a mi hermana y a mi sobrinita. Por un momento considero la opción de desviarme hacia la sierra, para conocer la Cordillera Blanca y el Cañon del Pato, pero no me lo recomiendan, porque las lluvias han estado arreciendo con fuerza por esta época.
Mi destino ese día es Nuevo Chimbote, pero antes paso por el restaurante La Balsa, en un sector conocido como La Gramita. Allí vive Don Clemente, conocido por los viajeros como el Ángel del Desierto, pues en numerosas ocasiones ha ayudado sobretodo a viajeros en moto, en bicicleta o de a pie. Tiene un libro de visitantes en donde le dejan un mensaje y algún recuerdo. Don Clemente dice que como él no tuvo la oportunidad de viajar, lo hace a través de las personas que desde todo el mundo lo visitan. Sin embargo, cuando llego al lugar no lo encuentro, ya que está en Lima, haciéndose unos exámenes médicos. Me atiende Isabel, su hija, quien amablemente me invita a una merienda y me cuenta varias historias de viajeros que han pasado por su casa, así como también me enseña varios libros llenos de mensajes. Dejo el mío, junto con dos calcomanías, una en el libro y otra en la ventana, en donde también va quedando registrado el paso de los viajeros por la casa del Ángel del Desierto.
| Con Isabel, hija de don Clemente, El Ángel de Desierto |
| Recuerdo de este viaje en el libro de visitantes |
| Calcomania en la ventana (justo sobre la mía están las de Edison y Javier, quienes pasaron por allí unos días atrás) |
Me comunico con Julián, quien me espera al anochecer en la entrada de Nuevo Chimbote. Desde que lo conozco siempre le ha gustado la música, sobretodo el rock y el metal y aquí en esta ciudad ha encontrado personas que comparten su pasión. Hace parte de dos bandas: Gatos Locos es una de ellas, en donde toca la guitarra. La otra es una banda que se llama Opresión, es de Trash Metal, y en donde él es vocalista. Mientras hace algunas diligencias, me quedo hablando un rato con Marco, amigo de Julián y a quien también le apasiona la música. Luego nos reunimos en una pequeña plaza con Julián, Marco y otros amigos. Con guitarra en mano, uno de ellos canta varias canciones, realmente con muy buena voz. Luego compramos media botella de ron y nos lo tomamos en la casa, amenizando una entretenida charla hasta la madrugada.
Finalmente me quedo dos día en Nuevo Chimbote, pero debo avanzar, así que continúo mi recorrido hacia el norte, esta vez hasta un pueblo sobre la ruta llamado Reque, unos pocos kilómetros antes de Chiclayo. En este tramo me llama la atención una alcantarilla sin tapa, sobre plena vía panamericana al paso de uno de tantos poblados, misma alcantarilla sin tapa que recordé haber visto cuando iba hacia el sur, casi tres meses atrás. Increíble.
| Atardecer en Nuevo Chimbote |
Parte del trabajo de Julián, en la guitarra, con Gatos Locos
| El día de la despedida con Julián |
Finalmente me quedo dos día en Nuevo Chimbote, pero debo avanzar, así que continúo mi recorrido hacia el norte, esta vez hasta un pueblo sobre la ruta llamado Reque, unos pocos kilómetros antes de Chiclayo. En este tramo me llama la atención una alcantarilla sin tapa, sobre plena vía panamericana al paso de uno de tantos poblados, misma alcantarilla sin tapa que recordé haber visto cuando iba hacia el sur, casi tres meses atrás. Increíble.
Compré el SOAT por siete días, pensando que no me quedaría mucho tiempo en Perú, pero ya llevo nueve y me quedan por lo menos dos días más. Asumo el riesgo de continuar con el seguro vencido. Hay un retén de la policía. Uno de los agentes hace una señal que parece confusa. No estoy seguro de que sea para mi. Sin embargo, no quiero correr el riego de seguir y parecer que estoy escapando. Así que me detengo. El policía me pide los documentos. Empiezo a sacar todo, dejando de último el SOAT, con la esperanza de que no lo revise. Al ver mi licencia de conducción me pregunta que si soy de Colombia. Le respondo que sí. En ese momento, todos sus compañeros empiezan a subir en las camionetas, seguramente para ir a almorzar, porque ya es el medio día. Yo soy el último en revisar la documentación. Finalmente, me devuelve mis papeles, un poco apurado por sus colegas que ya se van, sin siquiera mirar el SOAT. Pude respirar tranquilo. Tiempo después me enteré de un viajero colombiano al que pillaron sin seguro en Perú, y a quien le decomisaron la moto, diciéndole que si la quería recuperar, tenía que ir en diciembre para que ofertara por ella, en una especie de remate.
Me separan 360 kilómetros de la frontera con Ecuador, entrando por Macará. Llevo muchos días viajando por desierto, prácticamente después de pasar por Santiago de Chile. Necesito con urgencia un cambio en el paisaje. Antes de llegar a Piura me desvío a la derecha buscando la ruta que me llevara a la frontera. El desierto empieza a desaparecer, cuando tímidamente emergen de entre la arena, algunos arbustos de un color verde intenso. Luego árboles y por fin un paisaje de selva después de pasar por un pueblo llamado Tambogrande. Llego a la frontera y rápidamente estoy en Ecuador. Ya empiezo a sentirme realmente cerca de mi casa.
| Entrada a Ecuador por Macará |




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