Macará-El Pangui-Macas-Ambato-Sangolquí-Ipiales-Pasto-Popayán-Santa Rosa de Cabal
Estoy de vuelta en Ecuador, esta vez entrando por Macará, ciudad limítrofe con Perú. Me quedo en el hotel Los Arrozales. Es un lugar cómodo, amplio, con un estacionamiento grande en la planta baja, limpio y con desayuno incluido. Me merezco estar ahí. Salgo a comer algo y a comprar una sim card. El dueño del hotel me cambia algunos soles por dólares. Confío en la tasa de cambio que me refiere. Luego me doy cuenta de que fue ventajoso y se quedó con mas dinero. No le reclamo. En fin, a estas alturas me importa muy poco.
Iglesia de El Pangui
Al día siguiente me preparo para salir, mirando en el mapa una población llamada El Pangui, como destino de esta jornada. Son 322 kilómetros llenos de curvas y contracurvas que tomo con mucha tranquilidad y emoción, cuando empiezo a distinguir varias especies de flora, de la misma que abunda cerca de mi ciudad en Colombia. Me siento muy bien viajando por fin, entre montañas y el hermoso verde característico del trópico, al rededor de la línea ecuatorial, a pesar de que no puedo avanzar mucho. Hay un retén de ejército, pero me dejan pasar sin ningún un problema. Mientras descanso en un paradero de bus sobre la carretera, llega desde un camino rural un campesino que me saluda y se sienta junto a mi. Cuando se entera de dónde soy, hace un comentario sobre si llevo de la "blanca", o algo así. Siento entre rabia y desconcierto.
- ¿No le parece que es un comentario fuera de lugar, hacia una persona que usted no conoce?, le pregunto
Evidentemente sintió vergüenza y trató de matizar su descache.
Es la primera vez en este viaje que hacen un comentario de este tipo. Sin embargo ha sido relativamente común comentarios sobre las famosas narconovelas que se han difundido por todo el hemisferio. Es triste enterase de la imagen que estas producciones han dejado de los colombianos en otros países, bajo el pretexto de mostrar parte de la historia reciente del país, cuando en realidad lo único que les interesa es llenarse los bolsillos, a través de unos televidentes muy básicos, quienes son los que consumen este tipo basura, y que al parecer son bastantes. Estoy hasta las orejas de Escobares, patrones, traquetos, tetas y paraísos, como para seguir escuchando toda esta mierda por el resto del continente.
El Pangui es un pueblo pequeño en la región de la amazonía ecuatoriana. Allí consigo un pequeño hotel sobre la ruta E 45 o Troncal Amazónica, en pleno centro de la localidad. Mi próximo destino, es Macas. Pienso que será una ruta rápida ya que según Google Maps hay terreno plano y rectas largas.
Organizo el equipaje, desayuno y parto. Pocos kilómetros después de salir de El Pangui, empieza un ascenso por una carretera que serpentea sobre una montaña, lo que no coincide con lo que el mapa me indicaba. Pregunto a un lugareño y me confirma que ese es el camino hacia Macas. Curvas, muchas curvas y lluvia. Llego a un pueblo llamado San Juan Bosco, en la cima de una montaña. Ahora hay que descender tantos kilómetros como los que he subido, y rectas por ningún lado. Luego me doy cuenta de que en ese tramo, los señores de Google Maps trazaron una linea de manera caprichosa, que no correspondía con la carretera.
A la derecha la linea trazada por Google Maps. A la izquierda carretera real.
En Macas encuentro un buen hotel, con estacionamiento amplio, compartido esa noche con otra Tornado 250. Salgo a recorrer un poco las calles de la ciudad, que comparada con las poblaciones aledañas, es grande. He notado en la moto que el aceite no está marcando el nivel necesario. Al día siguiente busco un taller y aprovecho para comprar aceite y cambiárselo.
Salgo de Macas y a la altura de El Puyo, desvío mi recorrido hacia el occidente con destino a Ambato, no sin antes hacer una parada en un pueblo llamado Baños de Agua Santa. Y es que en este lugar se encuentran algunos de los destinos mas interesantes de Ecuador: uno de ellos es El Pailón del Diablo. Una espectacular caída de agua a la que se puede acceder a través de un sendero a la parte posterior de la misma, unas escalas que permiten apreciar la cascada desde otro ángulo y un puente colgante. Muy cerca de ahí está esta La Casa del Árbol con su famoso columpio, desde donde con suerte, se puede apreciar el volcán Tungurahua, recientemente activo.
Cascada Pailón de Diablo
Puente colgante
Curiosas marcas sobre las rocas
La Casa del Árbol
Columpio en la Casa del Árbol
Intento buscar en Ambato el mismo hotel en donde me alojé la primera vez, pero no lo encuentro. De todas formas consigo uno, desde donde podré salir fácil al día siguiente. Desde hace unos días vengo teniendo contacto con Magaly, la colombiana que vive en Ecuador y con quien compartí la jornada en Machu Picchu. Me invita a su casa en Sangolquí, ciudad contigua al sur de Quito. Estoy a escasos 130 kilómetros, pero al día siguiente me desvío un poco para conocer otro de los atractivos que tiene este país: La Laguna Quilotoa, formada en el cráter de un volcán inactivo, con unos tres kilómetros de ancho y 250 metros de profundidad, en donde los minerales disueltos le dan un hermoso color verde esmeralda. Los volcanes Chimborazo y Cotopaxi, han estado esquivos. Las nubes no han permitido verlos en plenitud.
Laguna Quilotoa
Cerdos cerca de Quilotoa
Volcán Cotopaxi cubierto por las nubes
Por la tarde llego a casa de Magaly, en donde me recibe con su familia. Diego, su esposo es de Bogotá, y también lleva bastante tiempo viviendo y trabajando en Ecuador. Sayra es su hermana y Mati y Maleja sus hijos. Al día siguiente dimos una vuelta por el centro de Quito, pasando por la escultura de la Virgen de El Panecillo, ubicada en la colina del mismo nombre. Es una escultura en aluminio que mide unos treinta metros de altura, ocupando el puesto 58 entre las estatuas mas altas del mundo. El reencuentro con Magaly resulta reconfortante. Siempre es muy agradable tener con quién y de qué conversar, mas aún cuando hace un par meses, nos encontrábamos por casualidad en Aguas Calientes, previo al ascenso a Machu Picchu.
Panorámica de Quito
Virgen de El Panecillo
Magaly y la Virgen de El Panecillo
En casa de Magaly
Solo me separan 270 kilómetros de la frontera con Colombia. Este viaje está llegando a su fin. Me despido de Magaly y de su familia agradecido por su hospitalidad y compañía, esperando poder encontrarnos en otro momento. Será una jornada corta, ya que pienso quedarme en Ipiales para conocer el Santuario de Las Lajas, así que trato de disfrutar al máximo este último tramo por Ecuador. Hago una parada para almorzar en el mismo restaurante en donde desayuné la primera vez que entré a Ecuador. Luego paso por Tulcán, ciudad fronteriza con Colombia, en donde su cementerio es reconocido por las figuras logradas, a través de una artística poda de pinos.
Figuras podadas en pinos, en el cementerio de Tulcán
Resumen Ecuador. Segunda Parte
Los trámites son rápidos y estoy nuevamente en Colombia. La Dian me da la bienvenida. "Viajar es regresar", decía García Márquez y supone un momento emocionante. Inmediatamente me dirijo al Santuario de Nuestra Señora de las Lajas, templo católico a las afueras de Ipiales y ubicado sobre el cañón del río Guáitara, destacado por el diario británico "The Telegraph", como el más bonito del mundo. Luego de recorrer su edificio en donde la roca de la peña hace las veces de pared y altar al mismo tiempo, busco un lugar para quedarme. Me recomiendan un sitio llamado Casa Pastoral Las Lajas, que no es mas que un antiguo convento, en donde pido una habitación por módicos seis dólares la noche, eso si, sin televisión ni wifi. Coloco mi sim card colombiana a mi teléfono, haciendo una llamada directamente a mi casa, por primera vez en tres meses sin usar internet. Sabía que esta llamada alegraría a mi familia, porque se enterarían inmediatamente que ya estaba en el país.
La Dian nos da la bienvenida
Santuario Nuestra Señora de Las Lajas
Patio interior de la Casa Pastoral Las Lajas
Otro de los lugares que quiero conocer y que no visité en la primera parte de este viaje, por la premura de llegar rápido a Bolivia para estar en el Rally Dakar, es la Laguna de La Cocha, cerca de la ciudad de Pasto. Son solo 122 kilómetros, así que viajo sin ningún afán. Al llegar al corregimiento de El Encano, en donde está ubicada la laguna, busco una cabaña en donde me alojo esa noche. Dejo las maletas y salgo a dar una vuelta por los alrededores. La Laguna de La Cocha, es un embalse natural ubicado a unos 2.800 m.s.n.s.m., considerado como el segundo cuerpo de agua natural más grande del país. Tiene una longitud de 25 kilómetros y una profundidad de 70 metros, rodeada por bellos y verdes paisajes. Dentro de la laguna, esta la isla de La Corota, santuario de fauna y flora, protegido por el sistema de Parques Nacionales. Como dato curioso, la laguna vista desde arriba, tiene una forma muy similar al mapa de Suramérica. Regreso a la cabaña. Hace un frío que llega a los huesos. Son apenas las cinco de la tarde y estoy metido bajo las cobijas. Salgo a buscar un restaurante en donde ceno una deliciosa y generosa trucha arcoiris.
Cabaña cerca de la Laguna de La Cocha
Laguna de La Cocha
Lindos paisajes al rededor de la laguna
Corregimiento El Encano, Pasto
Cabañas, hospedajes y restaurantes en la Laguna de La Cocha
Amanece lloviznando y haciendo mucho frío. Extraño el pantalón que dejé botado en Chile, pensando en que no lo necesitaría mas. Sin embargo, después de salir de Pasto, a la altura del Valle del Patía la temperatura sube bastante, así que no hay problema. Ruedo 340 kilómetros hasta la casa de Germán y Beatriz, en Popayán. Ellos hacen parte muy importante de este proyecto, porque fueron como la plataforma de despegue y aterrizaje de este hermoso vuelo por el sur.
Solo le queda un día a este sueño. Hay 350 kilómetros entre Popayán y mi casa. Pero antes, mi familia quiere hacer una especie de recibimiento. Mi esposa, por iniciativa propia, hizo estampar camisetas con el logo del proyecto, las vendió entre familiares, conocidos y amigos, y días atrás me envió el dinero para terminar de solventar los gastos del viaje. No cualquier mujer estaría dispuesta a permitir que su esposo se vaya a pasear solo durante tres meses, y además de eso, a recoger plata para enviarle. Es algo que valoro mucho. Esta es una relación basada, sobretodo, en la confianza; confianza que ninguno de los dos está dispuesto a defraudar.
Llego al peaje de Cerritos, en Pereira. Lugar en donde supuestamente nos encontraríamos. Pero solo está mi amigo Nilton, quien trabaja allí en un puesto de control del ICA, y quien también estaba pendiente de mi llegada. Me invita a almorzar. Mi esposa y varios amigos tardaron en llegar porque se presentó un pequeño imprevisto. Solo quedan 30 kilómetros que los hacemos en caravana, hasta llegar al Tambo El Privilegio, lugar dispuesto por la concesión de Autopistas del Café, como sitio de descanso para los usuarios de la vía, y desde donde se logra una linda vista de las ciudades de Pereira y Dosquebradas. Allí me encuentro con mas familiares y amigos. Fue un momento muy bonito. Cuatro kilómetros mas adelante llego a mi casa, dando por finalizado, después de mas de 23 mil kilómetros, quizás el logro mas importante de mi vida.
Encuentro con mi amigo Nilton
Recibimiento de familiares y amigos
Ha pasado una semana desde que llegué. Me entero que Jaakko, el finlandés que conocí en Argentina y Alfred, el canadiense que conocí en Chile, se encontraron en Perú y desde entonces vienen viajando juntos. Ahora están en Popayán. Los contacto y los invito a mi casa. He recibido tanta generosidad de tantas personas, que lo mínimo que puedo hacer es devolver un poco. A través de mi amigo Jorge Calderón, los llevamos a conocer los Termales de Santa Rosa de Cabal y a que conocieran la preparación de un buen café colombiano. Finalmente estuvieron dos días compartiendo en nuestra casa.
Alfred y Jaakko en Termales de Santa Rosa de Cabal
En compañía de Jorge Calderón en Termales y aprendiendo a preparar un buen café colombiano
Pensé que después haber calmado el antojo de vivir todas estas experiencias de viaje en moto, volvería a mi vida normal y cotidiana. Pero si hay algo cierto, es que no soy el mismo. Ahora veo el mundo con otros ojos. Tenía razón Mark Twain cuando decía que: "no hay perspectiva sin distancia". Ahora siento curiosidad por descubrir otros horizontes. No veo la hora de retomar un viaje de largo aliento, sea de nuevo por Suramérica, o por Europa, o hacia Alaska, o Australia y Nueva Zelanda, en fin. Me pueden llamar loco, pero han pasado ya dos años desde entonces, por lo que, parafraseando a Edgar Allan Poe: "soy un loco, con largos intervalos de horrible cordura".
Muy bueno tu Blog, seguro copiare algunas palabras para el mio, un abrazo.
ResponderEliminarMuchas gracias don Martín por los comentarios.
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