Nos preparamos para salir y Rosita, muy amablemente, nos empaca sándwich y jugo en cajita. Al final eso nos serviría de almuerzo. Tomamos nuevamente la carretera buscando cruzar el Estrecho de Magallanes por Punta Delgada. Desde Punta Arenas se puede cruzar, pero es un tramo mas amplio y por lo tanto mas costoso.
Estancia San Gregorio
Paramos en San Gregorio, la estancia abandonada que fue fundada en 1876, para tomar algunas fotos. Nos disponíamos a subirnos a las motos para continuar, cuando en ese momento pasó una pareja en una Suzuki V-strom negra, con placa colombiana. Germán y yo nos miramos un poco sorprendidos, porque al pacer habían mas colombianos en la zona. Los seguimos, casi en caravana hasta Punta Delgada, justo en la entrada del ferry que cruza a la isla de Tierra del Fuego. Allí nos saludamos con una emoción particular. Siempre es grato encontrar compatriotas, sobretodo en tierras tan lejanas. Javier y Alejandra son de Marinilla, Antioquia, amantes del teatro. Tienen una corporación que se llama Teatro Girante, en donde además actúan.
Subida al Ferry, en el Estrecho de Magallanes
Rápidamente nos piden que abordemos el ferry. Este es uno de los momentos mas emocionantes. Estamos por primera vez abandonando la América continental. Al otro lado, cruzando el Estrecho de Magallanes, nos espera la isla de Tierra de Fuego y su capital Ushuaia, la ciudad mas austral del mundo a la que podemos llegar por carretera. Son aproximadamente cinco kilómetros que se cruzan en veinte minutos. El costo, unos $4.000 pesos chilenos, mas o menos $16.000 pesos colombianos. Se puede pagar en pesos argentinos, pero es un poco mas costoso. Descendemos del ferry, con mucha emoción, con el ánimo arriba.
Cruzando en Estrecho de Magallanes
Unos cuarenta kilómetros mas adelante, entramos a un pequeño pueblo llamado Cerro Sombrero, con la intención de cargar bencina, como se le conoce al combustible en Chile. Estando allí vemos llegar a un viajero en una Indian Road Master. Es muy raro ver este tipo de motos por aquí, teniendo en cuenta que el tramo que sigue, son unos cien kilómetros de carretera destapada (ripio) y el cardán viene haciendo un ruido extraño. Víctor es un español que recibió la moto en Punta Arenas, con el fin de probarla en un viaje que uniera Ushuaia y Alaska. Ese era su primer día de viaje.
Foto tomada por Víctor, en Cerro Sombrero
Conversamos un rato y nos acompañamos hasta la frontera de San Sebastián. La isla de Tierra de Fuego, está compartida entre argentinos y chilenos, es por eso que deberíamos hacer nuevamente los trámites para entrar a Argentina.
Víctor en la Indian. Foto: Germán
Por lo general las oficinas de migración y aduana de cada país está una contigua de la otra, pero en este caso, las oficinas argentinas están a catorce kilómetros de las chilenas por carretera de ripio. Estando aún en el lado chileno, saludamos y conversamos con un argentino que también está viajando en una Honda Tornado como la mía. Luego nos aborda un hombre para pedirnos un poco de combustible. Va en auto, pero no alcanzó a recorrer los catorce kilómetros que hay hasta el lado argentino, en donde hay una estación de servicio. Germán le facilita el que hacía las veces de su bidón, el que nunca tuvo que usar, ya que el tanque de mayor capacidad que tenía su moto hizo que no lo necesitara. Yo tenía combustible en mi bidón y no tuve problema en regalarle un poco.
En la frontera de San Sebastián. Foto: Víctor
Me comunico con Jorge Oyarzún, motero de Río Grande, que pertenece a una asociación de motociclistas Cristianos, gracias al contacto que hizo Maxi, desde Las Grutas. Le comento que estoy en la frontera a unos noventa kilómetros de la ciudad. Nos ponemos de acuerdo para encontrarnos a la entrada. Hacemos los trámites en el lado argentino y mis compañeros de viaje, en ese momento, Germán, Javier y Alejandra, se adelantan. No puedo darme el lujo de seguirlos, primero porque mi moto no da para tanto, menos con viento y segundo necesito cargar nafta, porque si no, no llego a Río Grande. Ese tramo lo tomé con mucha calma, disfrutando cada kilómetro, cada vista. Fue realmente relajante. En una rotonda, me esperaba Jorge junto con Germán, Javier y Alejandra. Jorge muy amablemente nos guió por la ciudad hasta el Hostel Argentino, lugar que nos recomendó para hospedarnos y bastante frecuentado por viajeros en moto y en bicicleta, si, en bicicleta. Hay unos hombres y mujeres que como dirían en España, están hechos de otra pasta, que viajan hasta Ushuaia pedaleando, soportando como nadie las inclemencias del tiempo. Allí coincidimos con Fede y Roberto, dos argentinos que también van para Ushuaia en moto y con quienes conversamos un rato.
Al día siguiente amaneció lloviendo y los pronósticos del tiempo no eran buenos. Nos recomendaron esperar. Pasamos prácticamente todo el día encerrados en la habitación que compartíamos los colombianos. Solo salimos al restaurante de la esquina, en donde nos hacía algún descuento por estar hospedados en el hostel. Allí me dio curiosidad por probar ñoquis, que es un tipo de pasta, seguramente heredado de la tradición italiana en Argentina. Se acostumbra comerlo el día 29 de cada mes. También me pareció muy gracioso, que llamaban "ñoquis" a ciertos funcionarios públicos, porque no trabajaban y solo se veían cobrando a fin de mes.
Aparecen montañas con nieve
Es cuatro de febrero y el clima parece mejorar. Solo nos separan unos 210 kilómetros de nuestro gran objetivo. No se describir lo que se siente. Estoy cumpliendo un sueño, pero parece seguir siendo un sueño. No logro caer en cuenta de lo que estoy haciendo.
Paso Garibaldi
Los picos nevados empiezan a aparecer. Mis compañeros de viaje se adelantan. Paro en el paso Garibaldi para tomar algunas fotos. Otra curiosidad que tiene Ushuaia, es que es la única ciudad argentina que queda al otro lado de la cordillera de los Andes. Hace frío, pero no me importa. De repente aparecen frente a mi ese par de torres que tantas veces vi en fotos y que indicaban que lo había logrado. Es un momento de júbilo y de satisfacción personal. No hice este viaje para demostrarle nada a nadie. Llegué hasta aquí para demostrarme a mí mismo que soy capaz de hacer lo que me proponga, con paciencia, disciplina y determinación. Nos abrazamos, reímos, y tomamos las fotos de rigor.
Si!!...lo hemos logrado!
Luego nos dirigimos a la ciudad. En algún momento los pierdo de vista y estoy un poco extraviado. Recuerdo que Javier comentó que el hostal al que nos dirigíamos queda sobre la avenida Alem. Pregunto a una transeúnte y me indica donde queda, pero no tengo una dirección y aunque parezca increíble, no tenía el número de teléfono de mis nuevos amigos. Finalmente dí con el lugar, gracias a que con el rabillo del ojo, vi a Germán y a su moto parados en la calle, frente a la entrada del Hostal Patagonia País.
Bahia Lapatahia y el fin de la carretera
Canal Beagle y Picos nevados en la Bahía Lapataia
Bajamos las maletas e inmediatamente nos dirigimos hasta la Bahía Lapataia, unos 25 kilómetros mas adelante, en donde finaliza la carretera en el extremo sur del continente. Allí coincidimos curiosamente con una pareja de brasileños, al parecer biólogos, que también se hospedaron en Casa Rosita, en Punta Arenas. Hay unos senderos peatonales en madera que conducen a la orilla del Canal Beagle. El paisaje es increíble. Las montañas, la claridad del agua, la nieve que se resiste a desaparecer, a pesar de ser verano. Parece sacado de una película, pero mejor aún, hizo parte de una película. Unos meses atrás se grabaron muy cerca de ahí, algunas escenas de la película "El Renacido", protagonizada por Leonardo DiCaprio.
DiCaprio en Ushuaia
Regresamos a la ciudad y esperamos a que abran un restaurante. Y como tres colombianos en Ushuaia no son suficientes, se une a esta legión, Edison Suarez, un bogotano con el que me venía comunicado a través de internet, desde que yo estaba en Potosí, Bolivia. Viene viajando en una V-Strom 650 y resultó que también conocía a Germán. Se encontraron en la Quiaca y quizás en ese momento nunca se imaginaron que se volverían a ver en Ushuaia. Repasando la historia de viaje de cada uno, me entero que Edison y yo, estuvimos el mismo día y a la misma hora en Aguas Calientes, pueblo que queda en la base de Macchu Pichu, y no nos vimos. Tampoco imaginábamos que el destino iba a hacernos encontrar aquí, en el fin del mundo. Compartimos una rica cena y regresamos al hostal a descansar.
Edison, Andrés, Aleja, Javier y Germán. Colombianos en Ushuaia
Al día siguiente, Germán se despide porque quiere seguir el viaje, esta vez subiendo por la ruta 3 hasta Buenos Aires, en donde dejará la moto, para volver en avión a Estados Unidos. Mientras tanto, Alejandra, Javier, Edison y yo, recorremos un poco la ciudad y vamos al glaciar "El Martial", haciendo un pequeño trekking de baja dificultad y lanzándonos como en tobogán por la superficie. En el recorrido de ascenso, nos volvemos a ver con Fede y Roberto, que ya van de bajada. Compramos algo en el supermercado y preparamos la comida en el hostal.
Glaciar El Martial
Panorámica de Ushuaia desde El Martial, al fondo el canal Beagle y montañas chilenas.
Aleja deslizándose sobre El Martial
Quisiera quedarme un poco mas, pero mi presupuesto ya cruzó el umbral de la mitad y Ushuaia no es nada barata. De todos modos, el recuerdo quedará para siempre en mi memoria, para cuando quiera evocar estas maravillosas horas. Ahora solo queda, irremediablemente regresar a casa, y para eso, tengo todavía que recorrer diez mil kilómetros.
Leo que vos decis que los que van en bicicleta están echos de otra pasta, quisiera entender que pensas de mi caminata, gracias por tu gentileza y atención.
Leo que vos decis que los que van en bicicleta están echos de otra pasta, quisiera entender que pensas de mi caminata, gracias por tu gentileza y atención.
ResponderEliminarYa se podrá imaginar don Martín. Si en bicicleta es difícil, hacer una caminata como la suya, tiene aún más mérito.
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